sábado, 5 de mayo de 2007

Economía española no seguirá viento en popa como hasta ahora: The Economist

Londres, 4 may (EFECOM).- La economía española, que se ha lanzado a la conquista de empresas en todo el mundo por su crecimiento superior a la media europea, puede encontrarse con vientos menos favorables en el futuro, comenta hoy el semanario "The Economist".

La revista británica dedica cuatro páginas en su último número a analizar ese fenómeno español, que ha permitido a un grupo textil como Inditex convertirse en el mayor de su sector en el mundo, o a Ferrovial, Santander o Telefónica invertir millones en la compra de empresas extranjeras.

"Hace sólo unos años, la idea de que cadenas de moda, bancos o empresas de la construcción españolas fueran fanfarroneando por el mundo en busca de algún nuevo botín habría parecido ridícula, pero es precisamente a lo que se dedican hoy", comenta el periódico.

Si eso ocurre en las aguas internacionales, en las nacionales al menos "se presentan condiciones más difíciles", que "revelarán las debilidades" del auge económico del país ibérico, pronostica "The Economist".

El semanario destaca primero el espectacular aumento de los precios del sector inmobiliario, que han subido un 180 por ciento en los diez últimos años y se han más que duplicado en términos reales.

El reciente hundimiento del precio de las acciones de una compañía del sector inmobiliario indica, según el semanario, "que el mercado al menos está preocupado".

El segundo motivo de preocupación es el déficit actual por cuenta corriente del país, "inferior sólo en términos absolutos al de Estados Unidos".

"Al superar el 9 por ciento del PIB, (ese déficit) refleja sólo la sed de créditos que tiene las empresas españolas", explica "The Economist", según el cual los créditos a empresas subieron un 30 por ciento sólo el año pasado.

"Aunque al banco central de la eurozona le gusta repetir que las cuentas corrientes de sus miembros no son más importantes que las de Tennessee o Texas, el déficit español sí indica algo: lo dependiente que se ha tornado la economía de ese país de la demanda interna, incluida la construcción", opina la revista.

La fuerte expansión tanto de la actividad constructora como del crédito se ha beneficiado de la condición que tiene España de miembro de la eurozona, que ha abaratado el acceso al crédito de ciudadanos y empresas, comenta "The Economist".

Ahora, sin embargo, España puede que vea la otra cara de la moneda, y "así en la eurozona están subiendo los tipos de interés y se está apreciando la moneda junto en el momento en que parece que va a producirse una desaceleración de la economía".

Aunque los economistas opinen que el crecimiento sigue siendo fuerte en el primer semestre, es probable que pierda fuelle, tal vez incluso de modo abrupto, si el mercado inmobiliario se porta desfavorablemente, agrega el editorialista.

En cierto modo, señala "The Economist", España está "bien preparada para esa prueba: el Gobierno ha gestionado un superávit público en los dos últimos años (incluso habida cuenta del ciclo económico) y la deuda bruta es de sólo un 40 por ciento del PIB, de modo que si hay una fuerte desaceleración económica, siempre se puede echar mano de la política fiscal".

Pero, por otro lado también, España está "mal preparada", dice el semanario, según el cual al estarle vetado el método clásico de reequilibrar la economía, es decir, la devaluación de la moneda, tiene que encontrar otra manera de rebajar el tipo de cambio en términos reales.

"The Economist" predice que esto va a resultarle difícil al Gobierno: los aumentos salariales están fijados al índice de inflación, que supera la media de la UE, el crecimiento de la productividad ha sido "lamentable", aunque refleje en cierto modo el del empleo, lo que ha resultado a su vez en un incremento del 12 por ciento desde el 2000 del costo por unidad de trabajo frente a la media europea.

"El mercado de trabajo 'dual' español no resulta modélico a pesar de su notable contribución a crear empleo", escribe el semanario, que agrega que si hasta un tercio de los trabajadores tiene contratos temporales, es porque a los empresarios les resulta muy difícil despedir - y por tanto contratar- a trabajadores permanentes.

"España, concluye The Economist, debería esforzarse más en flexibilizar su economía y dejar que entre mayor competencia en el país. Los alemanes han descubierto que es posible aumentar la competitividad en una unión aduanera, pero también que puede resultar doloroso. Tal vez lo descubran también los españoles".

http://pe.invertia.com/noticias/noticia.aspx?idNoticia=200705041224_EFE_ET5 001
Fecha: 06/05/2007

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