sábado, 31 de enero de 2009

¿Cinco millones de parados?

La economía española destruye puestos de trabajo a un ritmo sin precedentes. Ese hecho, unido al vertiginoso crecimiento del paro, ha disparado todas las alarmas y ha resucitado el fantasma de un desempleo masivo, desconocido para la última generación que se ha incorporado al mercado laboral.

Cuatro millones de desocupados es la barrera, el límite máximo que contempla el Gobierno como consecuencia de la crisis que azota al país. Con los datos de la última Encuesta de Población Activa (EPA), que cifra en 3,2 millones los afectados por esa lacra a finales de diciembre, ese volumen elevaría la tasa de paro al 17,3%, 3,4 puntos por encima del nivel con que acabó el pasado ejercicio. Para muchos expertos esa estimación es muy optimista. Algunos vaticinan ya tasas superiores al 20% y cerca de cinco millones de desempleados en 2010.

En el último año, el paro ha crecido en 1,28 millones personas y se han perdido de forma paralela 620.000 puestos. Se trata de un ritmo de deterioro desconocido hasta ahora, que ha hecho empeorar los diagnósticos sobre el futuro.
El ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, defiende que no se llegará a los cuatro millones de desempleados. Es una cantidad que, de alcanzarse, sería la más alta de la historia de España –el récord anterior data del primer trimestre de 1994, con 3,93 millones–, pero la proporción sobre la población activa estaría aún muy alejada del 24,55% alcanzado en esa fecha.

A la cabeza de Europa

Con un nivel de paro que se encuentra a la cabeza de Europa, la evolución del mercado laboral de los próximos meses pondrá a prueba la solidez lograda por la economía española durante la reciente etapa de bonanza, de la que han alardeado el Gobierno y otras instituciones. Además, aclarará si los mensajes que lanza el Ejecutivo tienen por objeto no alarmar a la sociedad o, sencillamente, se equivoca en sus estimaciones, como ha sucedido repetidamente con la crisis.

Desde hace unas semanas, han comenzado a oírse voces que apuntan que las previsiones más pesimistas manejadas hasta ahora sobre el paro por Administración –3,7 millones de parados es la última del vicepresidente Pedro Solbes para finales de 2009– se verán desbordadas bien este año, bien el próximo.
Así, instituciones como Funcas (la fundación de las cajas de ahorro) y la Comisión Europea (18,7% de paro para 2010), el sindicato CC OO y otros expertos dan por seguro que a finales de este ejercicio los cuatro millones de desempleados serán una realidad.
Incluso hay quien pronostica tasas del 20% o superiores para dentro de un año, lo que equivaldría a casi cinco millones de desocupados.

Fernando Lezcano, portavoz de CC OO, advierte de que, al ritmo actual, en septiembre se habrán alcanzado los cuatro millones. Para más adelante elude hacer cálculos, para no ser tachado de alarmista. El plan del Gobierno para los ayuntamientos, 8.000 millones de inversión en obras públicas, puede amortiguar esa tendencia, a su juicio, aunque alerta de que «el ritmo de subida es muy fuerte».

Finales de 2010

Ángel Laborda, director de Coyuntura Económica de Funcas, señala que en las nuevas estimaciones que elabora este organismo la hipótesis más favorable es que el paro se encuentre a finales de 2010 un poco por encima del 20%, lo que equivale a rozar los cinco millones de desempleados; es decir, 1,8 más que en la actualidad.

Para entonces, precisa Laborda, la economía habrá vuelto a crecer, pero necesitará tasas de expansión superiores al 2% para crear puestos de trabajo y reducir el desempleo. El aumento, añade, se deberá tanto a la destrucción de empleo como al aumento de la población activa.

Así ha sucedido ya en 2008, cuando se destruyeron 620.000 ocupaciones y se incorporaron al mercado laboral 660.000 personas. Para dentro de dos años, la población activa crecerá sólo a un ritmo del 0,6%, frente al 3% del pasado ejercicio, estima Laborda.
En esta ralentización deben jugar un papel importante los inmigrantes, que es de suponer, añade, que frenarán su desembarco en España ante la mala situación de la economía. En 2008, más de la mitad del incremento –371.000 personas– fueron extranjeros.
Esa situación no se da en otros países de Europa, donde el crecimiento de la población es menor, explica Laborda. Y si a ello se añade la crisis añadida del sector del ladrillo, no padecida por los socios de la UE, tendremos un cóctel que explica por qué el desempleo crece a mucha más velocidad en España que entre sus socios comunitarios.

Federico Durán, ex presidente del Consejo Económico y Social y en la actualidad miembro del despacho de abogados Garrigues, cree que la «velocidad» de la crisis en España se debe a dos causas: la existencia de circunstancias específicas añadidas a la crisis financiera internacional –la burbuja inmobiliaria– y que «durante los años de bonanza no se han realizado reformas estructurales significativas». Esa es la causa de que el empleo sea «poco sólido» y de que se utilice como «mecanismo de ajuste» por las empresas. No se atreve a vaticinar hasta dónde escalará el paro, pero sí da por descontado que se superarán los cuatro millones de desocupados.

El director de Coyuntura de Funcas no se cree que con una recesión como la conocida este miércoles –la actividad cayó un 1,1% en el pasado trimestre– se pueda destruir tanto empleo. En su opinión, el deterioro de la economía es mayor, y atribuye su discrepancia con las estimaciones del Banco de España a que el sistema de medición «tiende a suavizar los ciclos» de la economía, tanto al alza como a la baja.

Papel de los inmigrantes

El papel de la población inmigrante en el aumento del paro está siendo muy importante. Aunque este colectivo no ha perdido empleo en el último año, ha visto aumentar en 372.000 su cifra de desocupados, hasta una tasa superior al 21%. Pero las dificultades deben ser muy serias para ellos, porque están cayendo de forma masiva en la economía sumergida. Ya son más 900.000 los extranjeros que trabajan y no cotizan a la Seguridad Social, dos tercios del total de las personas que en España se encuentran en esa situación irregular.

Durán cree que esta actividad sumergida es una «válvula de escape inevitable» ante una presión fiscal «alta» y un «exceso de regulación», que tienen como telón de fondo la inflación en los servicios y la deflación en otros sectores, lo que en su opinión constituye una «situación letal para la economía».

La incorporación de la mujer al trabajo ha revolucionado también en la última década el mercado laboral. Hasta el punto de que ha duplicado su presencia y ha acercado su tasa de actividad a la media europea, con un 61,4% frente al 63,4% (población de 15 a 64 años), cuando en 1994 la diferencia era de seis puntos, según datos de Eurostat.

Como ejemplo de la nueva situación, el pasado año las mujeres ganaron 36.400 ocupaciones, mientras los hombres perdieron 656.500. Y desde 1994, año en que comenzó a salirse de la última crisis, las mujeres han logrado casi 4,5 millones de empleos más.
De llegarse al 24,55% de desempleo, como en la última crisis, estaríamos hablando de un mínimo de 5,66 millones de parados. Ni las más pesimistas previsiones contemplan, por el momento, un escenario de ese tipo, a partir del cual la sociedad española entraría en terreno inexplorado, e implicaría consecuencias políticas, económicas y hasta culturales imprevisibles.

Entre los efectos previsibles, y sin llegar a ese nivel, el fuerte crecimiento del desempleo elevará la agitación social. Favorecerá una fuerte caída del consumo de los hogares, que será una rémora para la recuperación económica, y forzará un incremento del gasto social, que complicará el ya de por sí fuerte desequilibrio de las cuentas públicas.

Margen de cobertura
Valeriano Gómez, ex secretario de Empleo y profesor en la actualidad en la Fundación Ortega y Gasset, cree que la experiencia de la crisis de los noventa permite aventurar que hay aún un amplio margen para la cobertura de los parados, que podría llegar sin problemas a los tres millones de personas frente a los 2,2 millones de ahora; a partir de ahí sería difícil mantener este sistema de protección social, señala.

Para Federico Durán, las prestaciones por desempleo no van peligrar porque ningún Gobierno quiere «un estallido social», pero alerta de que sí hay riesgo sobre otros elementos de estabilidad macroeconómica, por lo que aboga por «reformas significativas», entre otras las del mercado laboral. «Lo pernicioso es la inactividad, y creo que es absoluta en el caso de los poderes públicos y los agentes sociales», denuncia.

En cualquier caso, los conflictos y el «drama social» del paro ya están ahí, recuerda Fernando Lezcano, quien hace hincapié en las movilizaciones desatadas por los casos de Nissan, Renault y otras empresas, que han llegado a tener ámbito de comunidad autónoma. Para evitar que la cosas empeoren habría que «inyectar nuevos recursos», propone, y «ampliar la cobertura», para que la gente no se quede «desnuda, con una mano delante y otra detrás».

¿Cuál será el suelo de esta crisis?, se preguntan expertos y ciudadanos. Una mirada a lo ocurrido en el pasado puede dar alguna pista. En lo que a destrucción de empleo se refiere, la economía española ha sufrido en las últimas décadas periodos mucho más duros, para al final resurgir con fuerza sobre sus ruinas. Por ejemplo, entre 1976 (datos más antiguos del Instituto Nacional de Estadística) y 1985 se detruyeron casi dos millones de ocupaciones y el paro creció en 2,4 millones de personas. Habría que esperar hasta finales de 1989 –doce años más tarde– para recuperar el volumen de empleo que había aquel año. Eran otros tiempos, en los que la Transición política impidió meter el bisturí a una economía renqueante y herida de gravedad por las primeras crisis del petróleo.
La recesión de los 90 también tuvo consecuencias importantes sobre la ocupación, que cayó en más de un millón de personas a lo lar

Publicado en: http://www.finanzas.com/dineroyempleo/noticias/empleo/2009-01-31/87129

Accesibilidad a la vivienda: falacias que destruyen empleo

MARCIAL BELLIDO MUÑOZ

Alguien aseveraba hace unos días que los promotores inmobiliarios andaban en retirada. Que habían quedado diezmados y que el escaso porcentaje que aún seguía en pie lo estaba más por la estructuras societarias y las garantías por ellas prestadas que por una clara decisión de seguir promoviendo. Mientras que una promoción inmobiliaria sea un mecano que se construye colocando pieza sobre pieza, será difícil 'amarrar' al puesto a empresarios que, finalizada la tarea y entregado el producto, parten de cero sin más inmovilizaciones que las que ellos hayan planteado de cara a futuros desarrollos.

Se van por miedo a lo desconocido, lo hacen porque no hay mercado que quiera comprar, también porque los bancos ya no quieren financiar el negocio -ni a los que promueven ni a los que compran- y, por último, se van porque tienen fácil el hacerlo (entiéndase irse como abandonar el sector o como paralizar radicalmente la actividad, dejando la empresa en hibernación). Nos hemos quedado sin promotores y al hacerlo estamos destruyendo empleo a unos ritmos y con una intensidad que no podemos menos que calificar de trágicos.

Cualquier sector recalentado exige un período de enfriamiento y el inmobiliario en España lo estaba y mucho. Pocas veces los factores se habían aliado con tanta complicidad dando como resultado un sector en ebullición. Un sector y por él toda la economía del país. Necesitaba enfriarse y, a finales de 2006, mostraba claros síntomas de que los miembros de la ecuación, deseo de comprar y esfuerzo financiero para conseguirlo, empezaban a discurrir por caminos distintos. Había elecciones cerca y alguien entendió que se debía aprovechar la calentura (la de los ladrillos) para enarbolar banderas de solidaridad. La consigna: lograr a toda costa que bajase el precio de las casas y con ello conseguir el reconocimiento de las urnas. Como estrategia, promesa de viviendas protegidas a precios muy por debajo del de las libres y una campaña con el precio de la vivienda como el objetivo a batir.

El resultado, harto conocido; descenso brusco de las transacciones esperando los compradores a la diosa fortuna en los sorteos. Un país que ha vivido sus etapas de desarrollo más fructíferas a la sombra de los edificios y que, por influencia de promesas, hasta ahora escasamente cumplidas, se amotina, se rebela y planta cara al sector que le aporta un porcentaje altísimo de su sustento. Y lo más grave, lo hace sin haber preparado la alternativa, sin contar con un Plan B en el que volcarse para resituar los excedentes laborales y la capacidad sinérgica que afecta al resto del mundo económico.

España no tenía un problema de accesibilidad a la vivienda, ahora sí lo tenemos. Habíamos aceptado vicios de comportamiento que inducían a restringir las fórmulas que otrora permitieron diferentes formas de acceso a un techo digno. Para los casos de real marginalidad, la solución, posiblemente financiada desde los intereses privados, podría haber estado en la dotación de un parque de viviendas públicas en línea con el censo real de ciudadanos desfavorecidos. No habría de haber sido gravoso para las arcas públicas y aún menos favorecedor de una carrera desbocada, por carecer del más básico estudio sociológico, en busca de la ley autonómica más exigente a la hora de intervenir en el mercado de la vivienda, como ha ocurrido.

Desgraciadamente, se nos ha venido encima la crisis financiera, cuyo origen, injustamente achacado al exceso de los inmobiliarios, no ha hecho si no amplificar el deterioro de nuestra economía, iniciado en el mismo momento que se decidió hacer política a través del precio de la vivienda. Ojalá España consiga encontrar, a través del consenso, al líder de un cambio de modelo y al equipo que, desde el sentido común, del conocimiento de lo ideal y de lo bueno, nos lleve a hallar un norte que se ha perdido y a erradicar el miedo. Pero que nadie pretenda engañarnos, la solución no está en tirar los precios de la vivienda. El consumo de las familias o, lo que es lo mismo, la confianza en el futuro es lo que nos salvará. Que nadie lo dude.

Publicado en: http://www.elmundo.es/suplementos/suvivienda/2009/571/1233270007.html

El 75% de los profesionales busca empleo en Internet

El acceso a web de empresas es el mecanismo más utilizado por los profesionales a la hora de buscar empleo, según el Informe Infoempleo 2008. El 75% de los candidatos utilizan este sistema. Le siguen la oferta en prensa y los portales de empleo, utilizados por un 69% de los candidatos. El estudio de Infoempleo.com destaca además que la categoría profesional del candidato es determinante a la hora de elegir la forma de dar a conocer su currículum. En este sentido, los directivos muestran su preferencia por las empresas de selección y los contactos personales, mientras que en perfiles técnicos, el uso de portales como Infoempleo.com o la difusión del currículum a través de web de empresas son los mecanismos preferidos.

Este estudio está realizado por portal de empleo cualificado líder en España, que cuenta con más de 2.600.000 currículos y varios miles de ofertas de empleo diarias.

El informe matiza que la utilización de Internet como mecanismo de difusión de la oferta presenta dos tipologías: la publicación a través del 'site' corporativo y la utilización de portales, como Infoempleo.com. El sector es uno de los factores que más influye a la hora de utilizar Internet para ofertas de empleo. Por este motivo, y debido a la familiaridad con las nuevas tecnologías, es lógico que el estudio de Infoempleo.com señale que el 83% de las empresas de telecomunicaciones e informática utilizan Internet para reclutar a sus profesionales.

Publicado en: http://www.lavozdigital.es/cadiz/20090131/economia/profesionales-busca-e
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